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Apología de Sócrates

Platón · Apology Filosofía

Edición: Apología de Sócrates; basada en la traducción inglesa de Benjamin Jowett. Representación de trabajo paginada, 2026-10-25; 24 páginas propias, no la paginación de Collier. Traducción: Benjamin Jowett (1817–1893)

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Apología de Sócrates — Platón

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En breve

¿Debe abandonarse una vida dedicada al examen de las personas para evitar una condena a muerte? Sócrates sostiene que la justicia de una acción debe pesar más que el temor a un desenlace cuyo significado se desconoce.

Por eso pide que su defensa se valore por su verdad y no por su destreza ante el tribunal. Primero combate los rumores que lo presentan como investigador de la naturaleza y maestro remunerado. Atribuye la enemistad que despierta a sus preguntas, que dejan al descubierto la ignorancia de quienes pasan por sabios. Frente a Meleto, señala las contradicciones de acusarlo de corromper a los jóvenes y de mantener creencias incompatibles con el ateísmo que se le imputa.

Su defensa descansa en que examinar a las personas constituye una misión divina y un servicio a Atenas. Renunciar a ella por miedo sería injusto. Tras la condena, mantiene esa posición: reivindica el carácter gratuito de su servicio y rechaza obtener la salvación mediante súplicas indignas. Advierte además que ejecutarlo no librará a sus acusadores de nuevas críticas.

Su conclusión no afirma conocer qué sucede al morir. El silencio de su señal divina le permite esperar que la muerte sea un bien: podría extinguir la conciencia o abrir la posibilidad de seguir indagando entre los muertos.

Ideas clave

  1. Sócrates interpreta el juicio del oráculo como un reconocimiento de que solo aventaja en sabiduría a los supuestos expertos porque no se atribuye conocimientos que le faltan. Sus preguntas a poetas y artesanos revelaron los límites de su comprensión, pero la humillación de los interrogados y la imitación de su método por los jóvenes generaron una hostilidad duradera (pág. 1–13).
  2. Sócrates sostiene que las acusaciones de Meleto son incoherentes: presentan a todos los demás como buenos educadores de los jóvenes, suponen que él provocaría deliberadamente un daño que acabaría perjudicándolo y le atribuyen a la vez creencias en entidades divinas y un ateísmo absoluto. Si hubiera perjudicado a los jóvenes sin intención, correspondería corregirlo, no llevarlo a juicio (pág. 1–13).
  3. Sócrates considera que interrogar a las personas e instarlas a anteponer la virtud a la riqueza cumple un encargo divino y beneficia a Atenas, aunque le acarree rechazo. Abandonar esa tarea sería injusto; ejecutarlo privaría a la ciudad de ese servicio y perjudicaría a quienes cometieran la injusticia (pág. 1–24).
  4. Sócrates rechaza obtener la absolución mediante la compasión o pidiendo a los jueces que falten a sus juramentos, y se opone a las penas que lo obligarían a renunciar a su tarea. Su señal divina lo ha apartado de la política, donde cree que combatir la injusticia le habría costado la vida; tras la condena, advierte que su muerte no pondrá fin al examen crítico de sus acusadores (pág. 14–24).
  5. Sócrates sostiene que temer la muerte supone atribuirse un conocimiento que no se posee, mientras que el carácter injusto de ciertas acciones sí es conocido. Tras la condena, el silencio de su señal divina refuerza su esperanza de que morir sea un bien, tanto si significa un descanso sin conciencia como si permite seguir interrogando a otros (pág. 1–24).

Resumen por capítulos

Apología (pág. 1–13)

Sócrates pide a los jueces que atiendan a la verdad de su defensa, no a su inexperiencia judicial. Responde primero a los viejos rumores porque ya habían condicionado la opinión de quienes lo escuchan.

Niega que estudie los fenómenos naturales o cobre por enseñar. Después de que el oráculo de Delfos declarara que nadie era más sabio, interrogó a un hombre tenido por experto y descubrió que al menos él no presumía de saber lo que ignoraba.

Los poetas no sabían explicar sus propias obras y los artesanos extendían su pretensión de saber más allá de sus oficios. Estas indagaciones le ganaron enemigos; además, cuando los jóvenes lo imitaron, los interrogados atribuyeron a Sócrates la vergüenza que habían pasado.

Meleto sostiene que todos mejoran a los jóvenes salvo Sócrates. Sócrates pone en duda esa idea mediante una comparación con el adiestramiento de animales y razona que no le convendría corromper a nadie a sabiendas, mientras que una falta involuntaria exigiría corregirlo.

Sócrates afirma que Meleto lo confunde con Anaxágoras. También señala que la acusación se contradice al atribuirle creencia en poderes divinos y, a la vez, un ateísmo absoluto.

Temer la muerte supone, según Sócrates, creer que se conoce algo que nadie conoce. Como la injusticia sí es un mal seguro, mantendría su misión divina de examinar a las personas y exhortarlas a cuidar la virtud antes que la riqueza.

Defensa, sentencia y despedida de Sócrates (continuación, pág. 14–24)

Sócrates afirma que ejecutarlo perjudicaría más a Atenas que a él, pues quien comete una injusticia resulta dañado por ella. Sus exhortaciones gratuitas a la virtud lo han empobrecido, pero constituyen un estímulo que, según él, la divinidad ha destinado a la ciudad.

Su señal divina lo aparta de la política, donde cree que oponerse a la injusticia le habría costado la vida. Cita su resistencia ante dos gobiernos, niega haber tenido discípulos a los que enseñara en privado y rechaza las súplicas que pondrían en peligro el juramento de los jueces.

Tras la condena, propone recibir sustento público como reconocimiento a su servicio. No acepta llamar mal a la muerte ni elegir la prisión o el destierro; finalmente ofrece pagar una multa con el respaldo de sus amigos.

Dice a quienes votaron por condenarlo que prefirió morir antes que recurrir a una defensa humillante. Su muerte no detendrá el examen de sus actos: los críticos más jóvenes serán aún más insistentes si ellos no se corrigen.

El silencio de su señal divina le sugiere que la muerte es un bien. Ya sea una inconsciencia sin sueños o una ocasión de seguir preguntando entre los muertos, invita a afrontarla con confianza y pide que corrijan a sus hijos si descuidan la virtud.

Cómo aplicarlo

  • Reconocer los límites del propio saber cuando no se dispone de conocimiento, en lugar de presentar como cierto lo que se ignora.
  • Examinar las contradicciones de una acusación antes de aceptarla y recurrir a la corrección, no al castigo, si el daño causado fue involuntario.
  • Anteponer la virtud a la riqueza cuando la búsqueda de bienes materiales desplaza el cuidado de la conducta.
  • Rechazar las súplicas que exijan a los jueces incumplir sus juramentos, aunque puedan favorecer una absolución.
  • Valorar si una acción es justa o injusta antes de decidir por miedo a morir, pues ese miedo supone conocer lo que la muerte significa.
  • Corregir la propia conducta ante críticas justificadas, en vez de intentar silenciar a quienes las formulan.

Citas

So I left him, saying to myself, as I went away: Well, although I do not suppose that either of us knows anything really beautiful and good, I am better off than he is,—for he knows nothing, and thinks that he knows; I neither know nor think that I know. (pág. 4)

Traducción. Así que lo dejé, diciéndome mientras me alejaba: Pues bien, aunque no creo que ninguno de los dos sepa nada verdaderamente bello y bueno, estoy en mejor situación que él: él no sabe nada y cree saber; yo ni sé ni creo saber.

To him I may fairly answer: There you are mistaken: a man who is good for anything ought not to calculate the chance of living or dying; he ought only to consider whether in doing anything he is doing right or wrong—acting the part of a good man or of a bad. (pág. 12)

Traducción. A ese puedo responderle con razón: En eso te equivocas: un hombre que valga algo no debe calcular sus posibilidades de vivir o morir; solo debe considerar si, al hacer algo, obra justa o injustamente, si actúa como un hombre bueno o como uno malo.

I tell you that virtue is not given by money, but that from virtue comes money and every other good of man, public as well as private. (pág. 13)

Traducción. Os digo que la virtud no procede del dinero, sino que de la virtud proceden el dinero y todos los demás bienes humanos, tanto públicos como privados.

Sobre el autor (nota de la IA, no procede del texto del libro)

Platón fue un filósofo griego de los siglos V y IV a. C., discípulo de Sócrates y fundador de la Academia de Atenas. Escribió diálogos filosóficos, entre ellos la República, el Fedón y el Banquete.

Sobre esta edición

  • Autor: Platón
  • Título: Apology
  • Edición: Jowett — working input 2026–10–25
  • Traducción: Benjamin Jowett
  • Idioma de la edición: inglés
  • Idioma original: griego antiguo
  • Páginas del contenido: pág. 1–24
  • Derechos: Dominio público

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